CHILE
LA MUERTE DE FRANCIA JARA. UNA CARTA

En la ciudad de Puerto Montt, Francia Jara fue asesinada por su pareja, el funcionario judicial Marcos Verdugo quien fue condenado a 61 días en regimen libre. Este hecho a levantado una ola de indignación ciudadana. En este sentido, las organizaciones de mujeres han anunciado una serie de acciones de protesta, para evitar que el victimario acceda un puesto en el Tribunal de Familia. En siguiente texto, la periodista Pamela Espinoza expresa su indignación.

A Francia....

¿Cuán dolorosa puede ser una situación para que remeza la conciencia de quienes observamos en la intimidad del diálogo, en el silencio de la vergüenza, la impunidad con que se cometen atroces barbaries contra mujeres de nuestro país? ¿qué debemos esperar para demandar una respuesta clara, justa y acorde a los tan vapuleados Derechos Humanos de las Mujeres? ¿será que debemos buscar en algún lugar de este territorio, las pruebas que nos conduzcan hacia la oportunidad de entregarnos a una lucha justa?
La Región de Los Lagos debe sentirse avergonzada por las autoridades judiciales que sentencian a un criminal como Marcos Verdugo Oliva a una condena de 61 días, luego de haber dado muerte a su esposa Francia Jara Peña. La ciudadanía debe sentirse menoscabada con la justicia chilena, pues entrega la tuición de un niño precisamente al criminal que le arrancó a su madre.
Me van a disculpar si comencé estas líneas con estas sentencias poco decorosas, pero la situación supera cualquier estado de asombro. La situación que hemos presenciado supera cualquier formalidad, incluso en la escritura de un texto.
¿En qué sitio estará la conciencia que nos garantizará la posibilidad de vivir?. No. Disculpen los creyentes, los ateos, los agnósticos y aquellos que viven deambulando entre campañas y sondeos, pero sucede que yo ya no creo en las letras, no creo en la religión, no creo en la legislación, tampoco en los milagros.

Sólo deseo reencontrarme con aquellas que pudieran demandar por la vida de las mujeres que ya partieron. Necesito del grito de ustedes, un clamor que me vuelva valiente en las luchas más extremas. Miradas que me descoloquen, que me vuelvan intensa, que me quiten los pudores, que no son pocos, y que resultan demasiados a mis treinta años de edad.
Quisiera pensar que no lejos de mi existe un alguien que aguarda impaciente la llegada de una noticia que revela la libertad en un país que vivió su ausencia.
Ahora que recorro la incredulidad, la farsa y la falta de cordura sólo me resta creer en Judith, muerta en Maullín, en Francia, muerta en Castro, en Silvia, muerta en Frutillar y en tantas otras, que no me alcanzaría esta primavera para terminar de nombrarlas, primavera que ya no trae la alegría de los colores sino la ausencia de aquellas que creyeron. Aquellas que festejaron a José Calfiú, a Marcos Verdugo, a Adán Segovia y les entregaron la alegría de vivir. Aquellas que se domesticaron a sus “cuidados”. Muchas que se entregaron a las caricias del olvido. Francias y Judith que despojaron de sus memorias el anclaje de miradas de furia de sus verdugos. Ellas, las que dejaron en un papel el reproche de la insignificancia de sus historias.
Lo hago por ellas que se regocijaron de vivir en un país democrático y justo. ¿con quién? Es una deuda saberlo.
Antes, recorrieron estas calles rostros que clamaban por la justicia de un régimen que arrebató la alegría a muchos y muchas. Fueron tantas historias....pero hoy, que creemos que la pesadilla se acabó nos encontramos con una justicia que nos vuelve la espalda. Que nos enrostra nuestra situación de mujeres. Nos encontramos con legisladores que tramitan y discuten por años, una ley que sólo nos entrega la posibilidad de vivir. Que nos permita sanar los dolores dejados en los despojos que quedan luego de las mal llamadas “peleas de casados”.
No nos detengamos en situaciones de dolor que ocurren a través de la ficción de una película, no nos detengamos en las lágrimas que escurren luego de su final. Los relatos de dolor están casi en todas las calles, sólo necesitan encontrar su espacio para salir de allí y volar mecidos por estos vientos sureños, que busquen una justicia, que busquen una sentencia, que busquen un reparo justo y digno.

Pamela Espinoza Asencio